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viernes, marzo 24, 2006

La confianza en la Divina Misericordia 1/2

La confianza es el fundamento de aquellos que deseen vivir el mensaje de la Divina Misericordia. Debemos ser vasijas de misericordia, y la cantidad que pueda contener esa vasija para irradiarla a los demás, dependerá de la confianza.

“El alma que confía en Mi misericordia es la más feliz porque Yo Mismo tengo cuidado de ella” (Diario, 1273 )

“..invita a las almas con las cuales estás en contacto a confiar en Mi misericordia infinita. Oh cuánto amo a las almas que se Me han confiado totalmente, haré todo por ellas.” (Diario, 294)

La confianza requiere de la conversión del corazón; esencia del mensaje de nuestro Señor. Esta escrito en Ezequiel 36, 26 :”Y os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros espíritu nuevo, quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne.”

David escribió en el Salmo 62, “En Dios solo el descanso de mi alma, de él viene mi salvación, solo él mi roca, mi salvación, mi ciudadela, no he de vacilar” (Sal 62, 2-3). Sin embargo, desafortunadamente muchos de nosotros carecemos de la confianza en Dios y canalizamos nuestros enojos, frustraciones, dolores y ansiedades a través de medios que nos hacen daño, como el alcoholismo, el abuso de drogas, la adicción por el trabajo y la comida.

El confiar en Dios requiere de una relación con Dios. Algunos de nosotros no tuvimos una relación sana con nuestros padres, que supuestamente deberían de habernos nutrido y apoyado en todos los sentidos, y ya como adultos, nos cuesta trabajo confiar. Los que son adictos a algo, tienen una relación de confianza patológica con un objeto o evento; para sentirse en paz y felices, confían en el alcohol, en la comida u otras cosas. En el Programa de los Doce Pasos, se recomienda que uno desarrolle una relación con una “fuerza mayor”. Sin embargo, los Cristianos sabemos que Jesucristo es esa “Fuerza Mayor”, ya que Él es el Camino, la Verdad y la Vida. “Por lo cual Dios lo exaltó y le otorgó el Nombre que está sobre todo nombre. Para que al Nombre de Jesús toda rodilla se doble, en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es El SEÑOR, para gloria de Dios Padre,” (Flp. 2,9-11)

El Salmo 62 nos invita a arriesgarnos confiando en Dios y abandonándonos a su cuidado. La ansiedad y la confianza en Dios son incompatibles; la ansiedad por cualquier cosa, especialmente por cosas que están fuera de nuestro control, reflejan una cierta incredulidad y falta de confianza en Dios.

Muchos de nosotros perdemos tanto tiempo, esfuerzo y energías, preocupándonos por lo que pudo haber sido, podría pasar o pasará, que perdemos el sentido del momento presente. Debemos mantenernos en el presente y concentrarnos en lo que estamos haciendo ahora, y cómo estamos ante Dios hoy. No necesitamos preocuparnos del mañana; podríamos aprender la lección de los israelitas, que el maná que ellos comieron en el desierto sólo era bueno por un día (Cfr. Ex 16). En otras palabras, ellos tenían que confiar cada día en que el Señor proveería.

La confianza requiere de humildad; la persona orgullosa y exitosa siente que su bienestar material y sus logros vienen solo de su propio esfuerzo. Cuando uno está en la cumbre del éxito, hay poca necesidad de confiar en Dios. Pero el confiar en uno mismo y no en el Señor sólo nos llevará al fracaso. “Confía en Yahveh de todo corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia.” (Pr 3,5) Dice Nuestro Señor´: “Nunca confíes en ti misma, sino que abandónate totalmente a Mi voluntad.” (Diario, 1760)

El Señor le dijo claramente a Santa Faustina, que mientras más confianza tengamos en Él y tratemos de vivir Su voluntad y no la nuestra, mayores gracias recibiríamos. Le dijo: “Di, hija Mía, que soy el Amor y la Misericordia Mismos. Cuando un alma se acerca a Mí con confianza, la colmo con tal abundancia, la colmo con tal abundancia de gracias que ella no puede contenerlas en sí misma, sino que las irradia sobre otras almas" (Diario, 1074).

Nuestro Señor nos habla acerca de la confianza en Su misericordia:

“El alma más querida para Mí es la que cree fuertemente en Mi bondad y la que Me tiene confianza plenamente; le ofrezco Mi confianza y le doy todo lo que pide.” (Diario 453)

“...Tu empeño debe ser la total confianza en Mi bondad, el Mío, darte todo lo que necesites. Me hago dependiente de tu confianza; si tu confianza es grande Mi generosidad no conocerá los límites.” (Diario, 548)

Fuente: Libro, la Divina Misericordia en mi alma, Diario de Santa Faustina. Libro: La Divina Misericordia una forma de Vida / Autor: Bryan S.Tatcher, Apóstoles Eucarísticos de la Divina Misericordia.


jueves, marzo 23, 2006

La confianza en la Divina Misericordia de Dios 2/2

De nuevo, la confianza en Dios es facil cuando todo va bien. Sin embargo, en momentos de sufrimiento y pruebas, aparece la duda y nos preguntamos “¿dónde está Dios?” o “de verdad existe Dios”? La ruina financiera, la súbita muerte de un ser querido, el divorcio, y los niños atormentados por las drogas, son solo algunos de los episodios dolorosos de la vida que Dios puede utilizar para acercarnos más a Él. Pero la confianza en Dios es la clave; debemos dejar que sea como el salvavidas al que nos aferramos cuando sentimos que nos estamos ahogando.

¿Has experimentado alguna vez la enfermedad o la muerte de algún familiar? Involucrar a los seres queridos puede que sea muy espiritual, pero cuando nos enfrentamos a una crisis y una prueba, inmediatamente olvidamos todo lo relacionado con la confianza en Dios y nos paralizamos en la prueba. Debemos recordar que estas formas de sufrimiento nos dan la oportunidad de confiar en Dios y de crecer espiritualmente. Y si oramos, discernimos y entonces debemos pedir fortaleza, ánimo y una mayor confianza en Jesús – La Divina Misericordia – en el momento de la prueba.


Piensa en Job, quien perdió a su familia, su salud y su fortuna. Durante sus continuas pruebas, Dios nunca le informó porqué le estaba pasando todo aquello. Sin embargo, Job no maldijo a Dios; al contrario, se maravillaba de las bellezas de la creación y sabía que debía confiar en el Creador en tiempos de sufrimiento. Así como en el caso de Job, especialmente en sus sufrimientos y pruebas de la vida diaria, la experiencia de un ser querido en un accidente, el ser despedido del trabajo, nos hacen darnos cuenta de qué tan vulnerables somos y el poco control que de hecho tenemos sobre los acontecimientos de la vida.


En momentos de lucha y frustración, debemos de tener la actitud de Pedro que dijo, “Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero en tu palabra, echaré las redes” “Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse. Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para vinieran en su ayuda.” (Lc 5,5-7)


En otra ocasión, el Señor le dijo a Santa Faustina; “Que las almas que tienden a la perfección adoren especialmente Mi misericordia, porque la abundancia de gracias que les concedo proviene de Mi misericordia. Deseo que estas almas se distingan por una confianza sin límites en Mi misericordia. Yo Mismo Me ocupo de la santificación de estas almas, les daré todo lo que sea necesario para su santidad. Las gracias de Mi misericordia se toman con un solo recipiente y éste es la confianza. Cuanto más confíe un alma, tanto más recibirá. Las almas que confían sin limites son mi gran consuelo, porque en tales almas vierto todos los tesoros de Mis gracias. Me alegro mucho de que pidan mucho, porque Mi deseo es dar mucho, muchísimo. Me pongo triste, en cambio, si las almas piden poco y estrechan sus corazones.” (Diario 1578)

“En cada alma cumplo la obra de la misericordia, y cuanto más grande es el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a Mi misericordia. Quien confía en Mi misericordia no perecerá porque todos sus asuntos son Míos y los enemigos se estrellarán a los pies de Mi escabel.* ” (Diario, 723)

*Escabel: escabel
1. m. Tarima pequeña que se pone delante de la silla para que descansen los pies de quien está sentado. Fuente: Diccionario de la lengua española. Vigésima segunda edición

Autor: Bryan S.Tatcher, Apóstoles Eucarísticos de la Divina Misericordia.
Libro: La Divina Misericordia una forma de Vida.

martes, marzo 21, 2006

El perdón, en la misericordia de Dios

Cuando uno hace consideraciones sobre la Divina Misericordia y en la manera de vivir el mensaje, viene a la mente la necesidad de confiar en Dios y ser misericordioso con los demás. Sin embargo el perdón tambien se encuentra en el corazón del mensaje de la Divina Misericordia. Es un acto de misericordia hacia los demás y hacia uno mismo, y con frecuencia es una condición para la sanación fisíca, pero especialmente es una condición para el progreso espiritual.

Así como Dios perdona nuestros pecados, debemos perdonar las ofensas de los demás. “Y cuando pongáis de pie para orar, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que tambien vuestro Padre, que está en los cielos, os perdone vuestras ofensas.” (Mc 11,25)

La necesidad de perdonar se hace aún más necesaria en una sociedad con tantos males como la nuestra; uno no tiene que mirar muy lejos para ver gente sufriendo los efectos devastadores del divorcio, la violencia, las adicciones, la pornografía, etc. El perdón no es una emoción, sino una decisión. Si el perdón no fuera posible, Dios no podría mandarnos perdonar.

Mucha gente evita y procura no pensar en aquellos que los han herido, y no se enfrentan con los problemas fundamentales; por ello, no pueden encontrar la sanación que desean. Otros creemos que hemos perdonado si no hablamos negativamente de alguien, aunque muy en el fondo guardamos mucho rencor reprimido. Este enojo o rencor sale a la superficie de muchas maneras y afecta nuestra relación con los demás, incluso con aquellos a quienes más queremos.

¿De qué nos sirve rezar la Coronilla a la Divina Misericordia a las tres de la tarde, y después gritar y vociferar al cónyugue enfrente de los niños a las cuatro de la tarde?

Piensa cuántas veces rezamos el Padrenuestro: “...y perdonanos nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden” (Mt 6,12)

Estamos viviendo en tiempos de gran misericordia, y sin embargo no podremos recibir el derroche de la misericordia de Dios, mientras no hayamos perdonado a aquellos que nos han ofendido. “Si alguno dice: Amo a Dios, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve” (Jn 4,20)

Al negarnos a perdonar a nuestros hermanos y hermanas, el corazón se cierra, su dureza lo hace impermeable al amor misericordioso del Padre; en la confesión del propio pecado, el corazón se abre a su gracia (ver el Catecismo de la Iglesia Católica, 2840).

¿Cuántas veces nos ha perdonado Dios? Dijimos anteriormente que la imagen de la Divina Misericordia simboliza los Sacramentos del Bautismo y de la Reconciliación. El gran Sacramento de la Reconciliación no debe verse como un castigo, un regaño o flagelación, sino como un vehiculo de sanación.

Dios siempre esta ahí, listo para perdonar. ¡No hay limites para su misericordia!

Nuestro Señor le dijo a Santa Faustina: "Apóstol de Mi misericordia, proclama al mundo entero Mi misericordia insondable" (Diario, 1142)


Su misericordia es tan grande, que nunca seremos capaces de comprenderla; es como un océano que no tiene fondo. ¡Pero qué dificil es perdonar cuando alguien nos ha herido!

Santa Faustina escribió: “Quien sabe perdonar, se prepara muchas gracias de parte de Dios.

Siempre que mire la cruz, perdonaré sinceramente" (Diario, 390)

Dios me perdona a mí, ¿yo no voy a perdonar?




Autor: Bryan S.Tatcher, Apóstoles Eucarísticos de la Divina Misericordia.
Libro: La Divina Misericordia una forma de Vida.

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